sábado, 9 de febrero de 2013

Constelaciones Familiares (La Pareja frente a los hijos)

La pareja frente a los hijos:

¿Qué ocurre con una pareja cuando llega un hijo?. Según los Órdenes del Amor, si se respeta la jerarquía que rige el nivel de la familia, es decir que lo anterior tiene prioridad sobre lo posterior (característica que posee el vínculo de pareja en relación al que se crea con los hijos), la pareja podrá recibir fortalecida al nuevo integrante del sistema. Muchos de los conflictos en una pareja proceden porque la maternidad / paternidad se ubica, al cabo de un tiempo, por sobre la relación inicial.
Hellinger observa que los sistemas nuevos se forman a partir de la llegada de los hijos. ¿Qué sucede si la pareja no puede tener hijos?. Resulta que no es bueno para el vínculo que, quien no pueda procrear retenga al otro que si podría hacerlo. Pero si la decisión de éste es la de permanecer generosamente en la relación, como se trata de un regalo muy especial, quien lo recibe tiene que reconocerlo como tal.
En el caso de las parejas homosexuales estas reglas no cuentan porque no existe la capacidad de procrear, pero si rigen las otras leyes. En cuanto a las que adoptan hijos, la mirada innovadora de las Constelaciones Familiares hace hincapié en que los padres adoptivos les den su lugar a los padres biológicos de sus hijos.
¿Cuál es el orden en el caso de las familias "ensambladas"? es decir, donde hay hijos de varias uniones. Es sencillo a partir del principio que ya mencionamos. Por ejemplo, el tercer hijo del tercer matrimonio de un hombre ocupa, en relación a sus hermanos, el último lugar. Es el tercer hijo de su padre, aunque viva como hijo único del tercer matrimonio. En cambio, para la tercera mujer, como es su primer hijo, éste tiene ese lugar.
Siempre las nuevas relaciones de pareja se imponen a las anteriores pero, para preservar el orden y permitir que fluya el amor, es necesario que los miembros de éstas reconozcan su ubicación en la escala y respeten los lugares anteriores.

Constelaciones Familiares

Fidelidad, Infidelidad:

La fidelidad se confunde con la posesión o con la entrega incondicional al otro. Ambas actitudes reflejan una relación con la madre y no con el cónyuge  En el primer caso, hace emerger el miedo a la pérdida de esta figura fundante del amor.
En el segundo, repite la devoción inicial que todo hijo siente antes de la desilusión de que él y su madre son dos seres separados.
Según Hellinger, la fidelidad en una pareja es el resultado del amor, no una consecuencia de una obligación externa o interna.
"Frecuentemente uno conoce a otras personas importantes y el compañero no tiene derecho a perseguirlo por eso sino que tiene que respetarlo y quizás así pueda haber una buena solución para todos".
Si uno mantiene una relación por fuera de la pareja ¿es bueno sincerarse al respecto?. En Constelaciones Familiares esta situación se analiza considerando el par culpa-inocencia. Si un cónyuge siente culpa y comenta el hecho a su compañero, lo que hace es sencillamente transmitirle esa culpa, es decir, se libera de cargar las consecuencias de su acto, es como si buscara la bendición del otro (Aquí la pareja representa al padre o a la madre) por ese acto. Esta "sinceridad", que además coloca al inocente en un lugar de superioridad, desequilibrando el vínculo, es la que termina con la relación. Sin embargo, existe otra solución para aliviar una culpa, que es la de hacerle un bien al otro, a modo de compensación. Finalmente, el culpable lleva el peso que le corresponde y esto lo fortalece.

lunes, 4 de febrero de 2013

Constelaciones Familiares Part 2


Orden y Amor en la pareja:


Eterna Juventud: 

Un elemento importante para lograr una pareja es el poder superar la infancia y la juventud para poder dirigirnos hacia adelante. Por ejemplo, una pareja que convive por mucho tiempo sin casarse permanece en la juventud porque casarse significa el final de esta etapa, que se asocia con la libertad, con el "probar lo nuevo".
Cuando uno se casa le dice al otro: " Sos el adecuado para mí", por el contrario sus palabras son: "Aún puedo encontrar a alguien mejor" y esto daña al vínculo. Abandonar la juventud implica una ganancia y una pérdida: se gana plenitud, se pierde vacío.
En una pareja, el permanecer atado al pasado, le quita libertad al alma para dirigirse a la otra persona. En muchas parejas, lo que en realidad se busca en el cónyuge es a la madre y esto condena la relación al fracaso porque el que queda identificado a esa figura primaria, además de no poder ser visto como la persona que es, se siente desbordado por demandas que nunca podrá satisfacer.
Entre algunas otras manifestaciones de inmadurez aparecen las discusiones llevadas hasta el cansancio, los reproches y esos pedidos que pretendemos que el otro adivine. Todas ellas representan un gasto de energía y una herida a la pareja.
Las discusiones, quee en la mayoría de los casos derivan en una pelea, son una manera de tomar distancia del otro, de oxigenar la pareja ¿Por qué discutimos? Para convencer al otro de que está equivocado y que el punto de vista de uno es el correcto. Es importante que el otro sepa nuestra opinión pero no como imposición. Así los dos se encuentran en un plano de igualdad, cada uno expresa su visión sobre un tema pero ninguno pierde poder frente al otro.
A diferencia de las discusiones, los reproches siempre implican una pérdida ya que, si quien nos causó un daño tuviera la intención de repararlo ¿podría hacerlo realmente? El único capaz de actuar sobre sus propias heridas es uno mismo. Una forma sencilla y humilde es la de dejarlas atrás, recomiendan los terapeutas. Mucha gente no lo entiende así y vive una vida perdida en el reproche, rumiando sus problemas y sus heridas.
En cuanto a los pedidos, ser concretos es un gran paso en pos de la salud de la pareja.¿Qué significa ser claros en nuestros requerimientos? No pedir absolutos: reemplazar el "quédate para siempre" por el "quédate media hora conmigo" . Las mujeres, nos manejamos bastante con la idea de que el otro debería darse cuenta de nuestras necesidades. Pensamos en términos de lo sobreentendido. " Es una actitud de un niño que espera algo de su madre y entre dos compañeros es un patrón fatal" afirma Hellinger.
Para que una relación de pareja no se convierta en un vínculo madre-hijo son importantes dos condiciones: la igualdad de rango y como ya señalamos el equilibrio entre dar y tomar (aceptar lo que se me ofrece). "¿Qué es lo más grande que le puedo dar a mi pareja?"" Reconocerla y respetarla tal como es", es la respuesta. Es importante destacar que, para contar con un capital interno que me permita dar al otro primero es necesario *haber tomado a los padres.

*Tomar a los padres es no exigirles y respetarlos como tales. Nadie es padre o madre por sus cualidades modales sino por un acto natural de la vida que es parte de un orden superior. Sólo por este acto merecen el reconocimiento. 

Constelaciones Familiares

*El hombre crece, florece y se renueva constantemente en el amor, o muere.

*Me alegro de que existas.

*R. Rilke
                                                                                                                                                     
Orden y Amor en la pareja:

Formar una verdadera pareja es un sueño que no muchos pueden alcanzar en esta época marcada por el individualismo y el vacio. ¿Por qué, a pesar de reiterados fracasos, permanecemos tras esa quimera? Porque la pareja es uno de los caminos hacia la plenitud del ser. Y no basta, como lo pregonan la literatura y el cine, con encontrar "un gran amor". El amor por sí solo no garantiza el desarrollo adecuado de ningún vínculo (quizás nuestra historia familia sea el ejemplo más acabado de esta afirmación). 
Como complemento, se requiere de un orden previo que permita que ese amor fluya, crezca y se desborde, colmando de felicidad al vínculo.
A lo largo de su extensa práctica. Hellinger fue descubriendo los órdenes del amor necesarios para que una relación de pareja se traduzca en la plenitud de sus miembros y del sistema que éstos formen. Si bien la multiplicidad de la vida es incontenible en determinadas leyes, es posible enunciar algunas bases para una relación feliz.

Somos más que dos:

Hombres y mujeres son un jeroglífico mutuo debido a sus marcadas diferencias, que los movilizan igual que a los polos opuestos. Cada uno posee una totalidad que le falta al otro: el hombre lo masculino y la mujer lo femenino. Cuando se encuentran, las carencias desaparecen.
¿Cuándo las mujeres poseen la fuerza de lo femenino y los hombres la de lo masculino? Cuando se encuentran unidos con su madre y/o padre, según corresponda, no sólo en cuanto a su género sino también a su rol. Esta es una fuerza que se transmite transgeneracionalmente. Sin embargo, esto que parece tan natural y tan sencillo, adquiere especial complejidad  a partir de la búsqueda de nuevos lugares por parte de hombres y mujeres desde la llamada "liberación femenina", en la década del cincuenta. Además, cuando dos personas intentan articular una pareja, no están solas. Ellas llevan impresas las huellas de sus padres y las de todo su linaje. La escena de la película del director Woody Allen lo muestra con humor: la pareja discute en la cama y sentados a cada lado están sus padres diciéndoles qué contestar.
¿Qué ocure cuando esa presencia de los que nos precedieron le quita tranquilidad a la pareja, ya sea por deudas del pasado no saldadas o porque no hemos podido tomar a nuestros padres?. Sobrevienen los conflictos, la pareja no logra alcanzar la paz y sin paz no hay plenitud "Muchos hombres y mujeres se encuentran atados a sus familias de origen por implicaciones transgeneracionales que suponen una carga para la relación de pareja " resalta Hellinger, que tiene una experiencia de 30 años en el trabajo terapéutico con parejas.
Todo pasado es insurrecto, sea mediato o inmediato y por eso las implicaciones también pueden proceder de vínculos anteriores. Esto sucede porque cuando un hombre y una mujer se unen en un Ser se producen efectos profundos en el alma: el vínculo se convierte en algo inquebrantable, independientemente de su voluntad. Por eso la intensidad de los enfrentamientos y la emergencia del dolor y de la culpa durante las separaciones. Si nos retiramos de un vínculo respetándolo y reconociéndolo quedamos liberados de posibles implicaciones; caso contrario, éstas obstruirán una nueva unión y muchas veces los hijos del nuevo sistema serán los que lleven la carga de los vínculos precedentes de sus padres. 

Respetar , aceptar y poder tomar:

¿Cuáles son las bases que nos permiten una relación de pareja lograda, plena? Quizás la más importante sea la del equilibrio entre el dar y el tomar, en todo sentido. En principio el tomar al otro con su familia, reconociendo el sistema de valores y de comportamientos que trae impreso en su alma ya que, "quien se casa con su pareja también tiene que casarse con la familia del otro" según Hellinger. Luego, en una negociación que involucre a los dos sistemas, se puede trabajar por la construcción de otro, superador de ambos, en un plano en el cual los cónyuges se sientan a gusto.
Una pareja implica entonces, dejar ir -de algún modo- a la familia de origen.
Uno de los motivos más frecuentes por el cual fracasan las parejas es por el intento -de uno o de ambos integrantes- de reeducar al otro según los valores de la propia familia, que son los que considera adecuados. Pero el aprecio necesario para que la relación sea fructífera implica reconocer que el otro tiene el mismo valor, aunque él (o ella) sea diferente. Sin embargo Hellinger , afirma que en una pareja se requiere algo más que "aprecio": es necesario el asentimiento del otro, es decir , su total aceptación de lo contrario, lo único que hacemos es soportarlo.
"La igualdad en la relación de pareja, que de manera fundamental se expresa en la consumación del amor se extiende a otros ámbitos vitales". Como toda relación, recibimos y damos moviéndonos en un arco entre lo positivo y lo negativo. Para que el amor en el vínculo de pareja aumente, es necesario devolver un poco más de lo positivo que se recibe y un poco menos de lo negativo.


El nuevo paradigma: Psicología Transpersonal.

Carl Gustav Jung:

Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca.
Lo peor que le puede ocurrir a cualquiera es que se le comprenda por completo.




Ken Wilber:

Hemos aprendido a utilizar el pensamiento para trascender el cuerpo, pero todavía no sabemos servirnos de la conciencia para trascender el pensamiento.



Stanislav Grof:

En la medida que un cambio evolutivo de la conciencia es un requisito fundamental para el futuro del mundo, el resultado de este proceso depende de la iniciativa de cada uno de nosotros.



Abraham Maslow:

No se puede elegir sabiamente una vida a menos que se atreva uno a escuchar a sí mismo, a su propio yo, en cada momento de la vida.


Claudio Naranjo:

Cualquier libro puede describir una técnica, pero una actitud debe ser transmitida por una persona.

Ser responsable conlleva estar presente, estar aquí. Y estar verdaderamente presente, es estar consciente. A su vez, estar consciente es una condición incompatible con la ilusión de irresponsabilidad por medio de la cual evitamos vivir nuestras vidas.


Manuel Almendro:

Cuando Occidente se encuentra con Oriente, han de superar ciertos desafíos, como el materialismo espiritual producto de una mente adquisitiva, el narcisismo comprometido en procesar su propio material personal o emocional, la desensibilización como vía de escape, el pensamiento de grupo como refugio y, finalmente, llegar al conocimiento de las relaciones maestro-discípulo. Este proceso pertenece a la psicoterapia a fin de ayudar a la persona a mantener los pies en la tierra. Psicoterapia y meditación pueden profundizar entrando en los obstáculos espirituales y en las neurosis occidentales, unificando el enraizamiento y el vivir en el presente entrando en los campos sutiles de energía; explorando, comprendiendo y liberando los contenidos del inconsciente para conducirlos a la transformación, comprendiendo el no-ser y la muerte del Ego, ya que, en su sentido final esos cinco skandas son <<la materia como un montón de espuma, la sensación como una burbuja, la percepción como un espejismo, las formaciones mentales (samskara) como una quimera>>.La unión por así decirlo, de la compasión y la sabiduría el potencial máximo para el desarrollo holístico y la transformación de cara al entendimiento y a la total libertad de la humanidad.


Roberto Assagioli:

El desarrollo espiritual es un arduo y largo viaje, una aventura a través de territorios extraños llenos de sorpresas, alegrías y belleza, dificultades y también peligros. Implica el despertad de potencialidades asta entonces dormidas, la apertura de la conciencia a nuevos campos, una drástica transformación de los elementos "normales" de la personalidad, y un funcionamiento conforme a una nueva dimensión.



lunes, 10 de diciembre de 2012

Liberaré toda necesidad oculta de Sufrir

Esta afirmación se refiere a la necesidad de darse el permiso para sanar. No hay duda de que el espíritu desea transformar el dolor y eliminarlo por completo. Pero no puede actuar sin su permiso, porque el alma siempre respeta el libre albedrío. Debo tener la certeza de querer poner fin a su sufrimiento. Es difícil comprender por qué alguien querría aferrarse al sufrimiento, pero hay un plano en el cual podría proporcionar un beneficio secundario. El sufrimiento hace que el YO se sienta reconocido, importante, centro de atención. Alivia la necesidad de ocuparse de uno mismo o de enfrentar las crisis o las dificultades. Es necesario resolver todas las razones secundarias para que la sanación del alma pueda actuar libremente (aunque no son suficientes para bloquearla por completo). Declare hoy su voluntad de no aferrarse a ningún otro motivo para prolongar el sufrimiento. 
Tal vez podrá encontrar en un camino más sano el mismo efecto BUENO que pueda estar obteniendo a través de su sufrimiento. El ego tiene muchas necesidades. Cuando la persona se siente demasiado culpable o avergonzada para reconocer que todavía tiene necesidades infantiles, el sufrimiento puede acudir al rescate. Así, la persona encuentra una forma penosa de obtener gratificación sin pedirla directamente, mediante una estrategia que suele ser inconsciente. No hay necesidad de juzgarse duramente cuando el dolor tiene un componente de necesidad. Juzgar siempre será un problema, nunca una solución. Pida a su alma que le brinde lo que realmente desea. Quizás esté pidiendo amor a gritos, esperando ser rescatado o pidiendo reconocimientos. Ésos son sentimientos legitimos que el espíritu puede satisfacer porque la transformación siempre es posible y se refiere a cambiar su paisaje interior. Cuando desaparece un obstáculo, todo dentro de usted está listo para cambiar, se abre un mundo de nuevas posibilidades si usted está dispuesto a aprovecharlas. No exija un cambio total de emociones. Cuando el antiguo dolor desaparece siempre hay una revelación y ésta se convierte en la clave para saber qué hacer después. Por ejemplo, cuando NECESITO SUFRIR DE ESTA FORMA ha desaparecido, la revelación podría ser que usted puede volver a estudiar música, o cambiar un amigo negativo por uno más positivo, etc. Estos cambios, en el mundo externo reflejan un cambio en lo interno. La transformación rara vez se presenta como la de la Cenicienta, que se convirtió en princesa en un instante, y más bien, se presenta como una cadena de nuevas posibilidades, una puntada a la vez. Cuando tenga todas las puntadas habrá conseguido una transformación total. Descubrimientos inimaginables se abren ante usted. Todos tienen forma de PUEDO HACER AHORA LO QUE ANTES PENSABA QUE NO PODÍA. Al final del camino estos pequeños pasos se convertirán en CONOZCO LA REALIDAD DE DIOS, DE QUIEN ANTES PENSABA QUE NO ESTABA ALLÍ.

Una nueva vida, esta vida.

Tenemos la visión en general de la reencarnación pero unido a otros caminos de elevación, considerando a la unidad como una forma indispensable e indisoluble de la elevación o la caída. Son sus herramientas fundamentales, las acciones, y el motor que las impulsa, la voluntad, guiadas por el libre albedrío. En cada una de las vidas que vivimos, se nos da la oportunidad única de poner todos esos componentes en acción. Es por lo tanto cada vida, desde ese concepto, única e irrepetible y de acuerdo a nuestro accionar o no, dependerá el transcurso de ella, pero también dependerán de ella las próximas. Somos responsables de cada minuto vivido y no vivido, y por consiguiente de la sucesión de intensidades y vivencias que nosotros llamamos tiempo. Es precisamente el tiempo, aquello que pensamos inmanejable, al que tratamos a toda costa de atrapar y detener, sin darnos cuenta que, en esa acción, se nos escapa más rápidamente de nuestras manos. 
Cuántos de nosotros a la espera de una cita, de un encuentro, o de un colectivo, por nuestra urgencia, miramos permanentemente el reloj, tratando de adelantar el tiempo físico, sin darnos cuenta, que por esa acción, demoramos nuestro tiempo interior, los que eran minutos se transforman en horas interminables que lánguidamente se arrastran en la esfera de nuestras emociones. Entonces, esclavos de un juego interno malévolo y perverso, quedamos prisioneros de lo que queríamos en realidad escapar, precisamente por querer escapar. 
Somos los constructores de nuestra propia celda, cuyos barrotes se asientan firmemente en nuestro pasado y el cerrojo que la guarda fue forjado por nuestros temores al futuro. 
¿Pero cuál es la llave que puede abrir esta puerta, o con qué herramientas podemos destruir las paredes de nuestra jaula?
La llave es tan efímera y real al mismo tiempo que muchas veces la tenemos en la mano y no la queremos ver, en la inconstante realidad que nos rodea, en esa mezcla interminable de presentes, que modifican permanentemente nuestros pasados, y consolidan una visión distinta a cada segundo de nuestro futuro. 
Si tomamos al tiempo como una unidad de pasado, presente y futuro, hace que, el tiempo, no exista, pero asimismo le de la mayor de las existencias reales. 
La profunda paradoja la resuelve aquel que posee todos los tiempos, pues para el, el tiempo no existe. 
¿Pero como vivirlo en lo cotidiano, como encontrar el equilibrio justo que nos lleve al encuentro, sin siquiera buscarlo? 
Quizás, viviendo cada segundo de nuestra vida, como si fuera el último; y planificándolo, como si fuera el primero. 
Cuántas cosas dejamos para mañana, pensando erróneamente que tenemos el tiempo comprado, o que aquello que nos rodea es eterno, que espera nuestra decisión y qe allí está aguardando. 
Cuántos son los besos que no damos, los abrazos que nos negamos, o la palabra de amor, reconocimiento o afecto que muere en nuestra garganta esperando un después, ese después nunca llega o lo que es peor, aquellos a los que iban dirigidos ya no están. 
Y si en ese momento, al darnos cuenta de la imposibilidad de realizar lo que en nuestro interior sentíamos que comenzamos a lamentarnos por el tiempo perdido, y por todo aquello que no hicimos y ya no podemos hacer. 
Entonces, quedamos prisioneros de las dos paredes del tiempo, prometiendo a futuro hacer lo que hoy deseamos, lamentándonos del pasado por no haberlo hecho. 
Y en ese discurrir nos negamos la posibilidad real de modificar en efímero y tangible presente, aquello que hoy sentimos y que no nos animamos a ver, para no accionar. 
Sin darnos cuenta, en la búsqueda de la felicidad somos prisioneros del tiempo, para no encontrarla, puesto que nos asusta tanto su encuentro, que preferimos sentirnos frustrados, seres que no alcanzan lo deseado, como aquel que tras una vidriera trata de tocar el futuro impalpable, o se transforma en una herida víctima de lo perdido en el pasado sin comprender, que somos los mayores artífices de esas pérdidas. 
Y son esos Darmas cotidianos, los que permanentemente desaprovechamos y van incrementando nuestro Karma en esta y las próximas vidas. 
Por lo general, lo que guardamos y atesoramos sin utilizar son nuestros afectos más intensos, por más simples que sean, nuestras emociones más puras, nuestros pensamientos más nobles, nuestras acciones más tiernas. 
No guardamos, la bronca, ni el rencor puesto que de una u otra forma lo sacamos afuera, ya sea hiriendo a otros o a nosotros mismos, o ambas cosas a la vez. 
No guardamos los malos pensamientos, ni los malos deseos, puesto que afloran permanentemente, en nuestros días como frustración, o en nuestras noches como malos sueños. 
No guardamos nuestra violencia y agresión, que sin barreras brota desde una palabra, hasta un gesto, y comúnmente hacia aquellos que no lo merecen. 
Somos capaces de dar una cachetada, pero nos guardamos una caricia. 
Somos capaces de lanzar en el propio rostro de alguien a quien queremos herir, nuestra mayor indiferencia, y no nos animamos a dar el beso. 
Somos capaces de insultar con el peor de los epítetos, pero incapaces de dejar aflorar las palabras de ternura que mueren antes de llegar a nuestra boca. 
Somos capaces de odiar profundamente, y no somos capaces de amar con la misma intensidad. 
Somos capaces de guardar rencor por las ofensas, y no somos capaces de dejar aflorar la palabra de comprensión que hay en nuestro corazón. 
Sacamos para fuera, lo más ruin, violento, perverso y dejamos que se expanda. 
Atesoramos, avaramente, lo mejor que poseemos, sin darnos cuenta que esa buena semilla si la seguimos guardando se descompondrá y ya no servirá si pasa la época de la siembra. 
Quien desea poner esfuerzo en cultivar amarguras si puede dedicarse a lograr mejores cosas, porque podemos cultivar lo más bello de nosotros, para que florezca cada día, en cada momento, y que al mismo tiempo, florezca en los demás. 
Quizás podríamos manejar el tiempo viviendo cada segundo, como si fuera el último y planificandolo como si fuera el primero. Y en la unidad del pensamiento y en su acción, están las claves internas por las cuales las puertas interiores se abrirán de par en par. Porque, así como tenemos la opción de vivir o no cada segundo, también optamos por que clase de proyecto de vida tenemos. 
Somos en nuestra vida, los labriegos del campo de nuestra alma, y día tras día deberíamos levantarnos a plantar la semilla tenaz de la esperanza, para que crezca en el mañana. Y así, en unidad, podemos tener una nueva vida, en esta vida, si en su justo equilibrio : Vivimos cada segundo de nuestra vida como si fuera el último y lo planificamos como si fuera el primero.