viernes, 4 de mayo de 2012

El encuentro con la sombra IIII


Conócete a ti mismo:

“Esa cosa oscura que reconozco mía”
                                                                                     • William Shakespeare

“Pero hay un misterio que no comprendo: Sin ese impulso de ostredad , diría incluso que de maldad, sin esa terrible energía que se oculta detrás de la salud, la sensatez y el sentido, nada funciona ni puede funcionar. Te digo que la bondad, lo que nuestro yo vigílico cotidiano denomina bondad, lo normal, lo decente, no son nada sin ese poder oculto que mana ininterrumpidamente de nuestro lado mas sombrío."
• Doris Lessing

“Yo creo que la sombra del hombre, radica en su propia vanidad”
• Friedrich Nietzsche

En la antigüedad los seres humanos, conocían las diversas dimensiones de la sombra, la personal, la colectiva, la familiar y la biológica. En los dinteles de piedra del hoy derruido templo de Apolo en Delfos, construido sobre una de las laderas del monte Parnaso, los sacerdotes grabaron dos inscripciones, dos preceptos que son muy familiares y que siguen conservando en la actualidad todo su sentido, el primero “Conócete a ti mismo” los sacerdotes del Dios de la luz aconsejaban algo que nos incumbe muy directamente: conócelo todo sobre ti mismo, lo cual podría traducirse como conoce especialmente tu lado oscuro.
Somos herederos directos de la mentalidad griega, pero preferimos ignorar a la sombra, ese elemento que perturba nuestra personalidad. La religión griega que comprendía perfectamente este problema reconocía y respetaba el lado oscuro de la vida y celebraba anualmente las famosas bacanales, orgías en las que se honraba a Dionisios, el dios de la naturaleza, entre los seres humanos.
Hoy en día, Dionisios, perdura entre nosotros en la forma degradada de Satán, el diablo, la personificación del mal, que ha dejado de ser un dios a quien le debemos respeto y tributo para convertirse en una criatura con pesuñas desterrada al mundo de los ángeles caídos.
Los psicólogos transpersonales, reconocen las relaciones existentes entre el diablo y nuestra sombra personal, afirmando: “En la actualidad el principio de individuación esta ligado al elemento diabólico ya que este representa una separación de lo divino en el ceno de la totalidad de la naturaleza. De este modo, los elementos perturbadores como los afectos, el impulso autónomo hacia el poder y cuestiones similares constituyen factores diabólicos que perturban la unidad de nuestra personalidad”.

Nada de exceso:

La segunda inscripción cincelada en Delfos, “nada de exceso” todavía es mas pertinente a nuestro caso, se trata de una máxima por la que solo puede regirse quien conoce a fondo su lujuria, su orgullo, su rabia, su gula, todos sus vicios en definitiva, ya que solo quien a comprendido y aceptado sus propios limites, puede decidir, ordenar y humanizar sus acciones.
Vivimos en una época de desbordes: demasiada gente, demasiados crímenes, demasiada explotación, demasiada polución y demasiadas armas nucleares. Todos reconocemos y censuramos estos abusos, pero al mismo tiempo nos sentimos incapaces de solucionarlos ¿Pero qué es en realidad lo que podemos hacer con todo esto?
La mayor parte de las personas, destierran las cualidades inaceptables e inmoderadas a la sombra inconciente o la expresan en sus conductas mas oscuras, pero los excesos no desaparecen, sino que terminan transformándose en síntomas tales como sentimientos y acciones profundamente negativas, los sufrimientos neuróticos, las enfermedades psicosomáticas, las depresiones y el abuso de drogas por ejemplo; el hecho es que cuando sentimos un deseo muy intenso y lo relegamos a la sombra, opera desde ahí sin tener en cuenta a los demás; cuando estamos muy hambrientos y rechazamos ese impulso terminamos atormentando a nuestro cuerpo comiendo y bebiendo en exceso, cuando sentimos una aspiración elevada y la desterramos a la sombra nos condenamos a la búsqueda de gratificaciones sustitutorias, instantáneas o nos entregamos a actividades hedonistas tales como el abuso de alcohol o drogas. La lista podría ser interminable, pero lo cierto es que podemos observar por todos lados los excesos del crecimiento desmesurado de la sombra:

El narcisismo generalizado, la explotación personal, la manipulación de los demás y el abuso de mujeres y niños, evidencia al deseo de controlar las dimensiones innatamente incontrolables de nuestra propia vida.
La obsesión por la salud, las dietas, los medicamentos y la longevidad a cualquier precio, testimonia nuestro permanente miedo a la muerte.
La amoralidad de la ciencia y la estrechísima colaboración existente entre el mundo de los negocios y la tecnología pone en evidencia nuestro deseo incontrolado de aumentar nuestro conocimiento y nuestro dominio sobre la naturaleza.
El interés desmesurado en la maximización de los beneficios y el progreso que se evidencian en el crecimiento ultranza del mercantilismo.
El papel distorsionado y codependiente de quienes se dedican a las profesiones de ayuda y la codicia de médicos y empresas farmacéuticas que se manifiestan en la compulsión a ayudar y a curar a los demás.

A esto se refería Jung, cuando decía: “hemos olvidado ingenuamente que bajo el mundo de la razón, descansa otro mundo. Ignoro lo que la humanidad deberá soportar, todavía antes de que se atreva a admitirlo”

El encuentro con la sombra III


Cuando tenemos vergüenza, cuando descubrimos que nuestra conducta está fuera de lugar, pero que la tapamos rápido porque produce amenaza a nuestra imagen.
Algunas no las registramos siquiera como fantasías asesinas, suicidas o envidias porque nos contactaría inmediatamente con nuestra oscuridad, esta represión es la negación.
No nos damos cuenta, de que no nos damos cuenta.
Aparece generalmente frente a la crisis, porque estamos frente a un cambio y nos replanteamos nuestros valores y creencias ya que ese cambio es romper nuestros límites conocidos.
La depresión también es una manifestación de nuestra sombra.
También suele aparecer en la mitad de la vida; la necesidad de encontrarnos con nuestra otra parte se posterga por infinitud de causas. Exceso de trabajo, distracciones de todo tipo, la toma de antidepresivos, las drogas, etc. También aparece como melancolía y nuestras enfermedades físicas son la expresiones más evidentes y llenas de significado de cuanto hemos negado nuestra sombra. Por eso el nuevo concepto de salud y calidad de vida nos exige resignificar todos estos símbolos y escuchar los mensajes del cuerpo y de nuestra psiquis.

La sombra colectiva:

Cuando leemos el diario, o prendemos la televisión vemos una cabal muestra de la sombra colectiva. La sombra colectiva es la maldad humana, y está impresa actualmente en todos los rincones de nuestra sociedad y hasta juega con nuestro dinero en las entidades financieras, sistemas judiciales, en la sed de poder de los políticos, conduce ejércitos invasores, trafica armas, envenena nuestros mares y alimentos y llena de pesticidas la tierra.
Esto no es un delirio de algún nuevo sistema místico; es nuestra realidad cotidiana, que nos lleva al fanatismo y a la criminalidad. Tenemos apetito más que nunca ahora por la totalidad que se manifiesta por el sofisticado engranaje de la comunicación global y por la hipocresía  generalizada.
Algunos individuos y grupos viven con una realidad socio-económica mejor que otros que terminan siendo objeto de la proyección grupal negativa de la sombra colectiva; como la caza de brujas, el racismo o el proceso de creación de enemigos. Para Estados Unidos, el comunismo de Rusia es el mal. Para los musulmanes, Estados Unidos es la representación de Satán. Para los nazis los judíos, para los monjes, las brujas están asociadas con el demonio, etc.
El poder hipnótico y la fuerza de esas emociones es evidente en las persecuciones raciales y religiosas.
La sombra en la historia tomó forma de monstruo a dragón, Frankestain o un extraterrestre, etc.
Cuando usamos el arte o los medios de comunicación para referirnos a alguien y convertirlo en diablo, incluida la propaganda política estamos intentando debilitarlo y tener poder sobre él.
La proyección se da también en el cine de terror o el cine violento porque nos permite liberar nuestros impulsos más perversos en un entorno seguro que ofrece un libro o una sala cinematográfica.
Los cuentos para niños, con la lucha del bien y del mal (hadas y demonios) y de esa manera, iniciamos a los niños en la sombra identificándolos con héroes y heroínas ; también en las novelas y en la música.
El cuento “Caperucita Roja” no permite a los niños afrontar el mal con lo que deberán tropezarse a lo largo de su vida. Cada familia, igual que cada sociedad tiene sus propios tabúes, su oscuridad.
La sombra familiar engloba todos los sentimientos y acciones que la familia considera amenazadoras para su propia imagen y las rechaza.
Para una familia cristiana, puede tratarse de una adicción a la bebida o casarse con alguien de otra religión.
El abuso sexual, el maltrato conyugal, el abuso infantil hoy es una epidemia de la sombra.
La sombra tiene su origen en la evolución misma del hombre, ya que nuestros ancestros animales, sobrevivieron gracias a sus uñas y dientes, y si bien nuestra bestia está enjaulada el mayor tiempo, está viva y al asecho.
Nuestra maldad es el resultado de reprimir nuestra agresividad.

El encuentro con la sombra II

“Nuestra vida es un tejido entrelazado con el bien y el mal; nuestras virtudes serían admirables si no estuvieran contaminadas por nuestros defectos y nuestras flaquezas, serían desesperantes si no se hallaran atemperadas por nuestras virtudes.”
                                                                                                         •  William Shakespeare


“La angustiosa realidad es que la vida cotidiana del ser humano se halla atrapada en un complejo inexorable de opuestos, día y noche, nacimiento y muerte, felicidad y desdicha, bien y mal.
Ni siquiera estamos seguros de que uno de ellos pueda subsistir sin el otro, de que el bien pueda superar al mal o la alegría derrotar al sufrimiento. La vida es un continuo campo de batalla. Siempre lo ha sido y siempre lo será. Si no fuera así, nuestra existencia llegaría a su fin.”
                                                                                                       •  C. G. Jung

Ego y sombra van unidos según Jung.
Son muchas las fuerzas que forman la sombra; los padres, los parientes, maestros, amigos, etc; nos enseñan cuales son las conductas deseables y adecuadas a la moral, y cuales son despreciables. Cada cultura, cada familia, marca en forma diferente lo que corresponde al ego o la sombra, porque algunas permiten la expresión de la ira y la agresividad y otras no.
Otras permiten la ambición por el dinero, o las expresiones artísticas o el desarrollo espiritual.
Todo lo rechazado por el ego (que es la identificación de las cualidades permitidas por la familia más la cultura, etc), pasan a las sombra y alimentan el lado oscuro del ser humano, pero no todos son rasgos negativos, la sombra está compuesta por aspectos infantiles, apegos emocionales, aptitudes y talentos que no se desarrollaron. La sombra está conectada con la profundidad del alma, por lo tanto también con lo superior, creativo, etc.
No conocemos nuestra sombra, pero la percibimos como peligrosa “el inconciente no puede ser conciente”. Es imposible estar en el mismo momento en los dos lugares.
Vemos la sombra indirectamente a través de las relaciones con los demás y en general la vemos fuera de nosotros mismos por eso decimos que el otro hace de espejo y es cuando percibimos desproporcionadamente cualidades que nos molestan en los otros. A esto se le llama proyección, como el enojo sobre nuestra pareja insatisfecha o sobre nuestra espiritualidad sobre un gurú, y esto genera vínculos entre el emisor y el receptor, este es el abc de nuestra forma de relacionarnos con el otro.
La sombra contiene toda capacidad y cualidad que no desarrollamos o expresamos y constituye una parte del inconciente que complementa el ego y que son características de nuestra personalidad conciente  que no desea reconocer y repudia, olvida en la profundidad del inconciente y solo se encuentra en los enfrentamientos desagradables con los demás.
Está en nuestra vida cotidiana, por ejemplo en el humor (los chistes sucios o payasadas), que expresan lo oculto.
Los que no tienen sentido del humor tienen una sombra muy reprimida.

Como descubrir la sombra en nuestra vida cotidiana:


1- Sentimientos exagerados por los demás.
2- En el ida y vuelta de los que actúan como espejo.
3- En relaciones perturbadoras con las personas.
4- En actitudes impulsivas y en las actitudes inadvertidas por mí.
5- Cuando nos sentimos humillados.
6- En los enojos desproporcionados por los errores de los demás.