jueves, 21 de febrero de 2013

Meditaciones Cuánticas 4

Cuando no estoy utilizando los recuerdos, cuando no me estoy imaginando lo venidero, cuando no hago más que ser, entonces soy sólo conciencia.
Entonces me percibo a mí mismo como un factor intemporal en medio de una percepción limitada por el tiempo.
Como Espíritu, sé que mi imagen externa cambia, pero yo no cambio.
Me miro en el espejo y veo lo que ha cambiado mi imagen externa de diez años acá. Pero el yo que mira no ha cambiado.
Es la cárcel de la memoria la que crea las limitaciones del espacio-tiempo y de la causalidad.
Cuando huyo de la cárcel de la memoria, percibo lo ilimitado en medio de las limitaciones.
Los recuerdos son imágenes detenidas de sucesos del espacio-tiempo.
El yo que percibe los recuerdos es el espacio inmutable entre estos sucesos del espacio-tiempo.
Advierto los espacios entre mis pensamientos. Los pensamientos van y vienen. Los espacios están siempre presentes.
Ahora estoy advirtiendo los espacios entre las palabras escritas, los espacios entre los objetos, los espacios entre los pensamientos, los espacios entre los sonidos, los espacios entre las notas musicales, los espacios dentro de una taza, alrededor de ella y fuera de ella. Estoy advirtiendo espacios, espacios por todas partes. Todos son los mismos espacios, y siempre están presentes.
Antes de que llegaran los pensamientos, después de que se marchasen, el espacio es. Antes de que naciera la música y después de que se apagase, el espacio es. Antes de que se pronunciaran palabras y después de que el que habla enmudeciera, el espacio es. Antes y después de la muerte, el espacio es.
El espacio siempre es, y en este espacio soy yo.
Antes del nacimiento, soy yo.
Después de la muerte, yo soy.
Yo siempre soy.

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